e la nada. Gabriel también conservaba sus anotaciones sobre la ocasión en que Raúl y Víctor lo habían echado de nuestra casa. Aunque esos documentos no demostraban todo lo ocurrido en la cocina, ayudaban a explicar por qué mi hermano había reaccionado inmediatamente al recibir mi mensaje.
Cuando la trabajadora social me preguntó nuevamente dónde viviría, reconocí que no quería regresar a mi casa. Víctor conocía la dirección de Gabriel y yo tampoco deseaba exponerlo a nuevos enfrentamientos. Me explicaron las opciones de protección y alojamiento temporal. Acepté recibir ayuda.