Mi esposo me golpeó hasta dejarme inconsciente cuando yo tenía seis meses de embarazo. Su madre aplaudió mientras él me golpeaba, su padre se rio y su hermana grabó todo con su teléfono. Aquella madrugada, mientras intentaba proteger a mi hija, comprendí que ninguno de ellos pensaba ayudarme. Lo único que podía salvarnos estaba escondido detrás de una silla, a unos pasos de mí, pero Víctor estaba decidido a impedir que lo alcanzara.

Yo intentaba concentrarme en mis consultas prenatales y en construir una vida fuera de aquella casa, aunque seguía pendiente de lo que pudiera encontrarse en el teléfono de Nora.
Dos

semanas después llegó la noticia. Las diligencias sobre el dispositivo de Nora y sus respaldos digitales habían permitido localizar un archivo relacionado con la agresión. Los investigadores necesitaban verificar su autenticidad, integridad y procedencia antes de utilizarlo formalmente, pero ya habían confirmado que contenía imágenes relevantes para el caso. Nora no había conseguido hacer desaparecer por completo lo que grabó.