ya no pude contener las lágrimas.
Pero el momento más doloroso todavía estaba por llegar.
Aquella noche, Michael se acercó, me miró directamente a los ojos y dijo algo que me heló la sangre.
—Emily, hoy encontré tu viejo cuaderno de la infancia. Y ahora entiendo que me has estado ocultando algo mucho más importante.
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Continuación
Estaba sentada en el sofá, incapaz de levantar la mirada.
Michael sostenía entre sus manos mi viejo cuaderno de la infancia.
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