Lo recordaba.
Adrián me había dicho que era una salida de amigos de la infancia.
Yo no fui porque tenía una entrega importante en el trabajo.
—Camila me dijo que dormirían en habitaciones separadas.
—Adrián me dijo lo mismo.
—Al final descubrí que alquilaron una casa.
Sentí que el estómago se me tensaba.
—¿Cuántas habitaciones?
—Tres.
Éramos seis personas, recordé.
Mateo continuó:
—Ella juró que durmió con las otras chicas.
—¿Y le creíste?
—Quise creerle.
Eso dolió precisamente porque era mi propia respuesta.
Quise creer.
No porque hubiera pruebas.
Porque