Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

Por extraño que pareciera, aquella mujer era la primera persona en todo el día que se preocupaba por mi voluntad.

No por las apariencias.

No por el ambiente.

No por “no arruinar la boda”.

Por mí.

—No quiero casarme con Adrián —dije.

Victoria asintió.

—Eso no responde mi pregunta.

Miré a Mateo.

Él no sonreía.

Tampoco parecía estar presionándome.

—No sé todavía si casarme con Mateo sería una locura.

—Lo sería —dijo Victoria.

La miré.

—Mamá —protestó él.

Ella ignoró a su hijo.

—Pero casarse después de siete años con