Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

la reconocías con los ojos cerrados.

Mi padre cerró los ojos.

Mi madre parecía a punto de llorar.

Camila se cruzó de brazos.

—Quizá solo quería divertirse.

La miré.

—Entonces se divirtió.

Me giré hacia Mateo.

—Ahora me toca a mí elegir.

El abogado llegó.

Y con él llegó la realidad.

No podíamos transformar instantáneamente todos los permisos y registros.

Sin embargo, había una posibilidad.

La ceremonia simbólica podía celebrarse ese día.

La inscripción legal tendría que realizarse después de completar los documentos correspondientes.

Clara pareció aliviada.

—Perfecto. Entonces no