Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

más.

Y entonces dijo algo que Mateo no esperaba.

—Yo también pensaba que él nunca dejaría a Elena.

Aquella frase explicó demasiado.

Ambos habían cruzado límites porque confiaban en mi permanencia.

Yo era el suelo.

La garantía.

La persona estable.

Camila podía jugar a ser especial.

Adrián podía jugar a elegirla.

Porque yo siempre estaría allí al final.

Cuando Mateo me lo contó, no sentí celos.

Sentí claridad.

—Entonces tenían razón —dije.

—¿En qué?

—Yo no me iba.

—Hasta hoy.

—Hasta hoy.

La ceremonia comenzó al atardecer.

El salón estaba