Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

no te eligió.

Respiré.

—Lo sé.

Empezamos a caminar.

A mitad del pasillo vi a Adrián.

Estaba al fondo.

Había logrado entrar.

No sé quién lo dejó.

Su madre estaba detrás.

Camila también.

Mi primer impulso fue detenerme.

Mi padre notó la tensión.

—¿Quieres que lo saque?

—No.

—¿Segura?

—Sí.

Seguí caminando.

Adrián me miraba como si todavía esperara que aquello terminara con una disculpa.

Que yo me detuviera.

Que llorara.

Que dijera:

Ya está, fue demasiado lejos.

No lo hice.

Llegué frente a Mateo.

Él extendió la mano.

No