No incomodar.
No preguntar demasiado.
Sonreí con tristeza.
—Hoy descubrí que llevaba siete años enseñándole a alguien que podía hacerme daño y yo seguiría allí.
Adrián bajó los ojos.
—Así que no voy a prometerte que nunca voy a enfadarme.
Mateo sonrió.
—Bien.
—No voy a prometerte que siempre voy a comprenderte.
—Peor.
Algunos rieron.
—Voy a prometerte algo más sencillo.
Respiré.
—Si algo me duele, voy a decirlo.
—Trato.
—Y si algún día quieres irte, prefiero que me lo digas antes de hacerme luchar por un lugar que ya