para sentirse importante.
Mis ojos ardieron.
—Hoy no te prometo perfección.
Apretó mis dedos.
—Te prometo que nunca voy a convertir tu confianza en una garantía de que puedes soportarlo todo.
No pude contener las lágrimas.
Cuando llegó mi turno, miré a Mateo.
Después miré un instante a Adrián.
Y por fin entendí qué quería decir.
—Durante siete años pensé que amar mucho a alguien significaba aprender a aguantar sus partes difíciles.
El salón estaba completamente silencioso.
—Pensé que ser una buena pareja significaba no hacer escenas.
No ser celosa.