no me pertenece.
Mateo apretó mis manos.
—Trato.
—Y una cosa más.
—¿Qué?
—No vuelvas a decirle a una novia que tome un taxi.
El salón estalló en carcajadas.
Incluso mi padre.
Mateo respondió:
—Queda prohibido.
El momento del beso fue extraño.
Porque no habíamos hablado de eso.
Nos miramos.
Yo me reí primero.
—Esto sí que no estaba planificado.
—Nada de hoy lo estaba.
—¿Qué hacemos?
Mateo se inclinó un poco.
—Tú eliges.
Otra vez.
Tú eliges.
Cerré la distancia.
Fue un beso corto.
Suave.
Nada cinematográfico.Pero cuando