me separé, sentí algo que no esperaba.
Paz.
No pasión.
No euforia.
Paz.
Y en ese instante comprendí que llevaba años confundiendo intensidad con seguridad.
Adrián se fue antes del final.
Camila no.
Se quedó.
No sé por qué.
Quizá porque Mateo había sido su pareja durante dos años.
Quizá porque quería ver hasta dónde llegaba aquello.
Quizá porque todavía esperaba que todo se derrumbara.
Durante la cena, se acercó a mí.
Yo estaba sola cerca de una ventana.
—¿Podemos hablar?
—Sí.
Camila parecía agotada.
Ya no llevaba mi broche.