Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

—¿Qué sientes exactamente?

Tardó.

—Siento haberte humillado.

—Bien.

—Siento haber hecho sentir a Mateo como si fuera siempre el segundo.

—Bien.

—Siento haber permitido que mi amistad con Adrián cruzara límites.

—¿Qué límites?

Se quedó callada.

—Dilo.

Camila respiró.

—Mensajes a horas que no correspondían.

—Sí.

—Abrazos.

—Sí.

—Dormir juntos alguna vez.

Mi corazón se detuvo un instante.

—¿Qué?

—No pasó nada.

La frase fue automática.

—¿Cuándo?

—En viajes.

—¿Cuántas veces?

—Dos.

Sentí una risa amarga subir.

—¿La casa hace seis meses?

Camila me miró.

—¿Mateo te lo contó?

—Sí.