Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

porque, en el fondo, siempre había sabido que había algo que nadie se atrevía a nombrar.

—¿Y Mateo sabe?

—No.

La miré.

—Se lo vas a decir.

—Elena…

—Se lo vas a decir tú.

—Lo perderé.

—Ya lo perdiste.

Se limpió las lágrimas.

—¿Por qué eres tan cruel?

Aquello me sorprendió tanto que casi me hizo reír.

—No soy cruel.

—Podrías dejarlo atrás.

—Eso hice durante siete años.

Me acerqué.

—Dejar cosas atrás sin resolverlas es exactamente lo que nos trajo hasta hoy.

Camila no respondió.

—Tienes hasta mañana para