ella siempre lo provocaba.
Ella le recordó que el beso de cuatro años atrás también había sido iniciativa de él.
En otras palabras, cuando ya no podían culpar a sus parejas por los límites que cruzaban, empezaron a culparse entre ellos.
No sentí placer.
Quizá un poco.
Soy humana.
Pero sobre todo sentí alivio.
No había perdido una historia de amor épica entre dos almas destinadas.
Había salido de una dinámica que necesitaba espectadores para funcionar.
Un año después, Mateo y yo volvimos al hotel.
No por nostalgia.
Su empresa