de medicamento para el dolor que ella compraba por unidad porque no podía pagar el tratamiento completo.
—¿Por qué nunca me dijiste nada?
Teresa evitó mirarlo.
—Porque tú estabas empezando.
—Yo podía ayudarte desde hace años.
—Cuando empezaste a ganar dinero todavía estabas pagando préstamos, renta, empleados. Luego me dijiste que la empresa podía quebrar. ¿Qué ganaba preocupándote?
Santiago apretó
la mandíbula.
—Ganabas no estar cargando ladrillos.
Teresa permaneció en silencio.
Él recordó todas aquellas ocasiones en que quiso enviarle cantidades grandes y ella respondía que no necesitaba nada.
Incluso