cabeza.
—Mucho más.
Santiago llamó inmediatamente a Natalia Cortés, abogada de su empresa y una de las pocas personas en quienes confiaba ciegamente.
Le pidió investigar cada propiedad, contrato, juicio
y empresa relacionada con Evaristo Mondragón.
Antes de colgar agregó:
—Busca también los préstamos del pueblo.
Aquella noche Santiago no durmió.
Mientras Teresa descansaba después de que un médico revisara su espalda, él encontró una caja escondida debajo del ropero.
Dentro había recibos.
Cientos.
Pagos de 800, 1,200, 2,500 pesos.
Algunos estaban firmados.
Otros solo tenían un sello