Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

demasiado tiempo.

—Si la ve, avíseme. Soy Nemesio Valdés.

Regresé al rancho sin vender lo que quedaba. Cuando vi a Rosalba junto a la quesería, bajé del caballo y la abracé sin pensarlo.

—¿Qué pasó?

La sujeté por los hombros.

—Está aquí. Nemesio está en el pueblo.

Rosalba palideció.

—Entonces ya no quiero esconderme —dijo después de unos segundos—. Quiero que Petronila hable aunque sea desde el fondo del río.

PARTE 3

Esa noche entendí que Rosalba ya no era la mujer que había llegado pidiendo un rincón para dormir.