Tenía miedo, sí, pero el miedo ya no decidía por ella.
Extendimos sobre la mesa el reloj de Petronila y una hoja donde anotamos lo poco que sabíamos. Rosalba recordó que Nemesio había mencionado una hermana que vivía “por la montaña”. Durante 2 semanas pregunté con cuidado en rancherías y puestos de camino, usando como pretexto la venta de queso. Finalmente encontré a Eduviges en una comunidad apartada, cuidando cabras detrás de una casa de adobe.
Cuando vio el reloj, se sentó sin decir una palabra.
—Yo se lo regalé —