Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

Tenía miedo, sí, pero el miedo ya no decidía por ella.

Extendimos sobre la mesa el reloj de Petronila y una hoja donde anotamos lo poco que sabíamos. Rosalba recordó que Nemesio había mencionado una hermana que vivía “por la montaña”. Durante 2 semanas pregunté con cuidado en rancherías y puestos de camino, usando como pretexto la venta de queso. Finalmente encontré a Eduviges en una comunidad apartada, cuidando cabras detrás de una casa de adobe.

Cuando vio el reloj, se sentó sin decir una palabra.

—Yo se lo regalé —