Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

llegar hasta aquí.

Ella apretó los labios y retrocedió entre las plantas.

Nemesio estaba sentado en mi corredor, justo debajo de la lámpara de Elena. Tenía un revólver sobre la pierna.

—Así que tú eres el hombre que me hizo perder el tiempo —dijo.

—Y tú eres el hombre que lleva años creyendo que todo se puede comprar.

Su sonrisa desapareció.

Le dije que Petronila había sido encontrada y que la Fiscalía ya tenía las cartas, el reloj y la declaración de su hermana. No exageré. No necesitaba hacerlo.

Nemesio