2 mercados y contratamos a una vecina para ayudarnos. Eduviges se quedó temporadas con nosotros. Centella caminaba con una leve cojera, orgulloso como si supiera exactamente lo que había hecho.
Un año después, una tarde de lluvia, encontré a Rosalba en el corredor limpiando la lámpara.
—¿Por qué la limpias tanto? —le pregunté.
—Porque fue lo primero que vi de esta casa.
Me senté junto a ella.
—Yo la dejaba prendida por costumbre.
—No —respondió—. La dejabas prendida porque todavía no te habías rendido.
No supe qué decir. Nunca he