Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

que yo era un hombre solo y meterla a mi casa podía traer chismes y algo peor. Pero la vi estremecerse cuando una rama tronó entre los cafetos. No era actuación. Era el miedo aprendido de quien ha pasado demasiado tiempo esperando el siguiente golpe.

Le tendí un petate en el rincón más protegido del corredor y dejé a Centella a su lado.

Antes de entrar, Rosalba me detuvo.

—Gracias por creerme, don Mateo.

—Todavía no me ha contado nada para creer o no creer.

Entonces abrió la bolsa de