a Lucía para amenazarme.
—Yo puedo darle una vida que tú jamás podrías mantener.
—No voy a discutir delante de ella.
Gabriel se acercó.
—Si quieres divorciarte, adelante. Pero no esperes quedarte con todo.
—No quiero quedarme con todo. Quiero proteger a nuestra hija.
Desde las escaleras apareció Lucía.
Llevaba el osito entre las manos.
—¿Se van a separar?
Ambos se quedaron inmóviles.
Elena se acercó inmediatamente.
—Mi amor…
—Escuché que papá estaba enojado.
Gabriel miró a la niña.
—Todo esto empezó porque no supiste comportarte en mi oficina.
Lucía