cayó al suelo.
Una mujer estaba sentada sobre el escritorio de Gabriel. Su blusa blanca descansaba en una silla y él tenía la camisa desabotonada.
Lucía reconoció inmediatamente a la mujer.
Era Vanessa Salgado, la asistente ejecutiva de su padre.
No comprendió exactamente qué estaba sucediendo, pero sí entendió el silencio, las miradas y la expresión de vergüenza de Gabriel.
—¿Qué haces aquí, mocosa? —gritó Vanessa.
—Yo… traje un regalo…
Vanessa avanzó y le soltó una bofetada.
El golpe resonó en las paredes.
Lucía tropezó contra una silla. Sintió un