encima.
Conocía a Vanessa.
Un mes antes, aquella mujer había aparecido en su casa diciendo que necesitaba unos documentos de Gabriel. La había observado de arriba abajo y comentado con una sonrisa extraña:
—Así que usted es Elena.
Ahora entendía aquella mirada.
—Mamá… ¿soy una niña mala?
Elena sintió un nudo en la garganta.
—No, corazón. Nunca.
—Olvidé tocar la puerta.
Elena le sostuvo las manos.
—Olvidar tocar es un error. Golpear a una niña es una decisión. Y permitir que alguien te lastime también lo es.
Lucía comenzó a