dentro de la bolsa.
Antes de salir, miró una última vez a su padre.
—¿Ya no me quieres?
Gabriel apartó los ojos.
—No digas tonterías. Y no le cuentes nada a tu madre. Solo vas a preocuparla.
Lucía salió del despacho sin responder.
Aquella noche, en su casa de Juriquilla, Elena Whitmore encontró a su hija sentada en el baño, intentando limpiar la sangre seca de su boca.
—Mi amor, ¿qué pasó?
Lucía tardó veinte minutos en hablar.
Cuando finalmente contó todo, Elena sintió que el mundo se le venía