puerta de entrada estaba entreabierta.
Del apartamento llegaban voces.
Una era la de Camila.
A la otra no la reconocí.
Me detuve con la mano en el picaporte.
Y justo cuando estaba a punto de entrar, oí a Camila pronunciar mi nombre.
Me quedé inmóvil.
Luego dijo algo sobre mi dinero.
Y en ese instante comprendí que debería haber escuchado con mucha más atención la pregunta que Elena me hizo la noche en que me fui de casa…
Empujé la puerta sin hacer ruido.
Desde el salón llegaba la risa