de Camila.
— Solo necesita un poco más de tiempo.
Me quedé inmóvil en el pasillo.
Una voz de hombre respondió:
— ¿Y la casa?
— Estoy en ello. Pero su esposa sigue figurando en los papeles, y su abogado le ha dicho que no puede hacer lo que quiera sin aclarar antes el reparto de bienes.
Se me cortó la respiración.
Me
asomé.
Camila estaba en el sofá con un hombre al que reconocí enseguida.
Iván Prieto.
El director de la agencia de publicidad con la que trabajaba mi empresa.
Y una