Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

Pues explícalo.

— No es lo que piensas.

Empecé a reírme.

En ese momento comprendí lo estúpida que era esa frase.

Yo mismo se la había dicho a Elena muchas veces.

Me fui.

No transferí más dinero.

A la mañana siguiente hablé con mi abogado y con mi contador.

Descubrí que parte de las cantidades que ya había transferido debían revisarse con cuidado y que tenía que proteger de inmediato mi acceso a las cuentas personales y a la empresa.

No descubrí de la noche a la mañana una conspiración de