Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

de las personas que nos habían presentado.

Sobre la mesa había unos documentos.

Oí que Camila decía:

— Ricardo está tan desesperado por demostrar que todavía es joven que solo tienes que hacerle creer que la idea es suya.

Iván se rio.

Entonces entré.

— ¿Qué idea tiene que parecerme mía?

Camila se puso blanca.

Iván se levantó.

— Ricardo…

— Cállate.

Miré los papeles de la mesa.

Era una propuesta de inversión.

Empresas que yo no conocía.

Transferencias.

Proyecciones financieras.

Y mi nombre.

— ¿Qué demonios es esto?

Camila vino hacia mí.

— Puedo explicarlo.

—