de las personas que nos habían presentado.
Sobre la mesa había unos documentos.
Oí que Camila decía:
— Ricardo está tan desesperado por demostrar que todavía es joven que solo tienes que hacerle creer que la idea es suya.
Iván se rio.
Entonces entré.
— ¿Qué idea tiene que parecerme mía?
Camila se puso blanca.
Iván se levantó.
— Ricardo…
— Cállate.
Miré los papeles de la mesa.
Era una propuesta de inversión.
Empresas que yo no conocía.
Transferencias.
Proyecciones financieras.
Y mi nombre.
— ¿Qué demonios es esto?
Camila vino hacia mí.
— Puedo explicarlo.
—