Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

preguntarte algo. ¿Estás absolutamente seguro de saber a qué renuncias?

Me reí.

No porque me pareciera gracioso.

Sino porque estaba convencido de que la respuesta era obvia.

Tenía cincuenta y tres años.

Había trabajado casi toda mi vida.

Tenía una distribuidora de materiales eléctricos, ganaba bien y consideraba que me había ganado el derecho a disfrutar otra vez de la

juventud, aunque la mía hacía tiempo que había pasado.

Elena tenía cincuenta y un años.

Llevábamos veintiséis casados.

Habíamos criado juntos a dos hijos.

Habíamos pasado épocas en que apenas