nos alcanzaba el dinero para las facturas.
Enfermedades.
Deudas.
Noches sin dormir y preocupaciones que compartíamos sin preguntarnos quién cargaba con el peso más grande.
Elena había estado a mi lado en todos esos momentos.
Pero, en algún punto del camino, había empezado a ver nuestra vida como una rutina de la que quería escapar.
Las mismas mañanas.
Las mismas conversaciones sobre compras, facturas y salud.
Las mismas tardes en casa.
Ya no pensaba en todo lo que habíamos construido juntos.
Solo pensaba en lo que creía que me faltaba.