Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

a la casa donde había vivido veintiséis años.

Por primera vez recordé la pregunta de Elena.

«¿Estás absolutamente seguro de saber a qué renuncias?»

No.

No lo había sabido.

Bajé del coche.

Caminé hasta la puerta.

Llamé al timbre.

Elena abrió.

Se la veía distinta.

No de forma dramática.

No había rejuvenecido veinte años de la noche a la mañana.

Pero parecía… tranquila.

— Ricardo.

— ¿Puedo pasar?

— ¿Para qué?

Me tragué el orgullo.

— Porque he cometido el mayor error de mi vida.

Su expresión no cambió.

— ¿Camila?

Bajé la mirada.

— Se