Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

acabó.

Elena sonrió con tristeza.

— Por supuesto.

— Elena, por favor.

— ¿Qué quieres?

— Hablar.

— Habla.

Miré hacia el interior de la casa.

— Aquí no.

— Aquí está muy bien.

Entonces hice algo que unos meses antes no habría imaginado.

Me eché a llorar.

— Lo siento.

Elena no dijo nada.

— Fui un idiota. Un egoísta. Lo tiré todo por…

— Por una mujer de

veintinueve años que te hacía sentir importante.

Levanté la vista.

— ¿Lo sabías?

— Ricardo, fui tu esposa durante veintiséis años.

— Entonces, ¿por qué no dijiste nada?

— Porque no se puede obligar