el estómago.
— ¿De qué hablas?
Elena se sentó.
— Tu empresa.
— ¿Qué le pasa?
— Nunca fue solo tuya.
Me reí, confundido.
— Elena, yo la fundé.
— No.
Se me heló la sonrisa.
— ¿
Qué?
— La construiste. Hay una diferencia.
Lo que Elena guardó durante años
Elena abrió la carpeta.
Dentro había documentos antiguos.
Algunos tenían más de veinticinco años.
Reconocí mi firma.
Luego vi otro nombre.
Edmundo Valdés.
El padre de Elena.
Mi suegro.
— ¿Qué tiene que ver tu padre con esto?
— Todo.
Recordé los comienzos.
Elena y yo éramos recién casados.
Teníamos