deudas.
Un niño pequeño.
Un coche que solo arrancaba cuando le daba la gana.
Y el sueño absurdo de abrir una distribuidora.
Recordaba que había conseguido un préstamo.
Siempre había creído que me lo habían concedido gracias a mi plan de negocio.
Elena negó con la cabeza.
— El banco te rechazó.
— No.
— Dos veces.
— Entonces, ¿de dónde salió el dinero?
— De papá.
Me quedé inmóvil.
— No es posible.
— Papá vendió una propiedad. Me dio el dinero a mí, y yo lo puse en la empresa a través de la estructura