puerta principal.
Tres golpes.
Lentos.
Deliberados.
Helena palideció.
—Owen, apaga la luz.
La miré desconcertado.
—¿Qué ocurre?
—Por favor.
Obedecí.
Desde la ventana vimos a un hombre con abrigo oscuro esperando bajo la lluvia.
Helena se llevó una mano a la boca.
—Es mi exmarido.
El hombre volvió a golpear.
—¡Helena! ¡Sé que estás dentro!
Su voz atravesó la casa.
—¡Tenemos que hablar sobre los documentos!
Helena retrocedió.
—No quiero verlo.
Me acerqué a ella.
—Entonces no tiene que abrirle.
El hombre permaneció varios minutos frente a la puerta antes