Verónica.
Decía que estaba arrepentida.
Que me extrañaba.
Que quería comenzar de nuevo.
No había una sola frase preguntando cómo estaba Valeria.
Eso fue suficiente.
Inicié los trámites de divorcio.
Y cuando firmé los documentos, sentí tristeza.
No porque quisiera recuperar mi matrimonio.
Sino porque comprendí cuánto tiempo había vivido engañado.
Sin embargo, todavía faltaba una última sorpresa.
Andrés me llamó una mañana.
—Rafael, recuperamos unos documentos que Verónica había guardado.
—¿Qué documentos?
—Cartas de Mariana.
Me quedé inmóvil.
—¿Cartas?
—Estaban destinadas a Valeria. Al parecer, tu esposa las había