escondido.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
Mariana había dejado mensajes para nuestra hija.
Mensajes que Valeria jamás había recibido.
Y por primera vez desde que comenzó
aquella pesadilla, supe que había algo hermoso esperando al final de tanto dolor.
CAPÍTULO 5: LA ÚLTIMA CARTA DE SU MADRE Y LA PROMESA QUE LE HICE A MI HIJA
El día que entregué las cartas a Valeria, el cielo de León estaba cubierto de nubes.
Habían pasado casi cuatro meses desde aquella noche en que regresé inesperadamente de Monterrey.