a observarla.
Recordé a mi hija arrodillada en la oscuridad.
Sus manos lastimadas.
Sus mangas cubriendo los moretones.
Su mirada de terror cuando escuchó mi voz.
Y comprendí que jamás olvidaría aquella imagen.
No porque quisiera vivir atrapado en el pasado.
Sino porque me recordaba una promesa.
Nunca volvería a confundir darle dinero a mi hija con estar presente en su vida.
Porque un padre puede trabajar día y noche para ofrecerle todo a su familia.
Pero si no escucha, si no pregunta y si no presta atención, puede pasar