revisando el libro.
Contó las entradas.
Observó las diferencias entre unas páginas y otras.
Finalmente llegó a la última hoja.
Allí encontró una frase escrita con una letra distinta.
No estaba acompañada de un nombre.
Tampoco aparecía la palabra habitual.
Solo había una advertencia.
«La Boca no tiene hambre de extraños. Tiene hambre de quienes la abrieron».
Rose leyó la frase una vez.
Después otra.
Y una tercera.
Cada lectura parecía cambiar el significado de cuanto había oído sobre el pozo.
Su abuelo Abraham siempre había asegurado que las entidades