abierto su oficina de Querétaro once años antes.
Yo entré cuando todavía ocupábamos medio piso.
Empecé coordinando operaciones.
Después dirigí un equipo.
Luego dos.
A los cuarenta y dos años era gerente regional y tenía cincuenta y ocho personas bajo mi responsabilidad.
Conocía a casi todas.
Sabía quién tenía hijos pequeños.
Quién cuidaba a sus padres.
Quién necesitaba trabajar desde casa los miércoles.
Quién estaba pagando una universidad.
Cuando había despidos, normalmente los gerentes como yo recibíamos instrucciones para comunicarlos.
Aquella mañana descubrí que un puesto directivo tampoco sirve de