pequeño recibo significó más para nosotros que muchas declaraciones de amor.
Al salir caminamos hacia coches distintos.
Entonces Laura se detuvo.
—Daniel.
—¿Sí?
—Quiero intentar regresar a casa.
No respondí enseguida.
Ella parecía nerviosa.
Meses antes había supuesto que la casa siempre estaría esperándola.
Ahora entendía que regresar también requería mi decisión.
—¿Por qué?
—Qué pregunta tan horrible.
—Pero importante.
Pensó.
—No porque tengas trabajo otra vez.
—No porque haya dinero.
—No porque vivir sola sea incómodo.
Miró hacia su coche.
—Te extraño.
—Extraño desayunar contigo los domingos.
—Extraño discutir