por el aire acondicionado.
Sonrió.
—Extraño estar casada contigo.
Luego añadió:
—Pero no quiero volver a ser la mujer que era.
—Yo tampoco quiero que lo seas.
—Y no quiero que vuelvas a administrarme.
—Trato.
—Cuentas personales separadas.
—Sí.
—Una cuenta compartida para la casa.
—Sí.
—Yo manejo mis gastos profesionales.
—Claro.
—Quiero saber cómo funcionan todas las cuentas familiares importantes.
—Sí.
—Y jamás vuelves a renovar el seguro de mi coche sin preguntarme.
Suspiré.
—Eso va a doler.
—Sobrevivirás.
Entonces preguntó:
—¿Quieres que vuelva?
Esta vez sí sabía.
—Sí.