Mi liquidación sería buena.
Podíamos reducir gastos.
Y ya había recibido dos mensajes de empresas competidoras.
No estaba tranquilo.
Pero tampoco estaba desesperado.
En el camino compré tacos árabes del restaurante favorito de Laura y un pastelito de pistache que siempre decía que no quería antes de terminar comiéndose la mitad.
Llegué a casa poco después de las seis.
Laura estaba en el comedor.
—Llegaste temprano.
—Sí.
Miró las bolsas.
—¿Pasó algo?
Me senté.
—Van a cerrar Nexora Querétaro.
Frunció el ceño.
—¿Cerrar?
—Toda la oficina.
—¿Y tú?
—Mi puesto