jamás había recibido.
Mateo apareció en la puerta con Alba dormida sobre el pecho.
—¿Vienes? Se enfría la cena.
Lucía guardó la llave, se acercó y besó la frente de su hija. En el comedor había 2 platos y ninguna silla vacía.
No los salvó el embarazo, sino aprender que amar también era llegar a tiempo para el otro.