Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

jamás había recibido.

Mateo apareció en la puerta con Alba dormida sobre el pecho.

—¿Vienes? Se enfría la cena.

Lucía guardó la llave, se acercó y besó la frente de su hija. En el comedor había 2 platos y ninguna silla vacía.

No los salvó el embarazo, sino aprender que amar también era llegar a tiempo para el otro.