en una obligación.
Antonio fue al hospital con una manta tejida por Mercedes. Al ver a su nieta, pidió permiso antes de cogerla. Lucía sonrió al escuchar aquella pregunta tan sencilla. Su padre, que siempre había querido decidir por todos, estaba aprendiendo a esperar una respuesta. Carmen también llegó, con comida para los días difíciles, y esa vez no preguntó por la fecha de una ceremonia. Preguntó qué ayuda necesitaban.
Meses después, Lucía encontró la llave amarilla junto al primer informe del embarazo. Recordó aquella consulta y el mensaje que