comidas familiares e incluso presumía de tener un médico en casa. Jamás imaginó que hubiera ido a verlo a escondidas.
—¿Por qué no me lo contaste? —preguntó.
—Pensé que ya habías decidido marcharte. No quería ponerte contra tu familia.
—Mi padre no decide con quién puedo estar.
—Lo sé. Por eso te escribí. Pero el mensaje no llegó.
Mateo le mostró el aviso de error. Lucía recordó cómo, aquella noche, había bloqueado su teléfono. Al día siguiente deshizo el bloqueo de llamadas, pero olvidó los mensajes. Durante 1 mes había