existencia. Intentando romperme por dentro para convertirme en alguien tan débil y dependiente como él.
Si renunciaba en aquel momento, estaría dándole la razón.
Estaría demostrando que, sin ayuda, no era capaz de salir adelante.
Miré a Arthur a los ojos y empujé el sobre negro hacia su pecho.
—Me quedan veintiún días —dije, apartándome el agua fría de la cara—. ¿Cuáles son exactamente las normas?
La expresión seria y profesional de Arthur se suavizó ligeramente. Una pequeña sonrisa de aprobación apareció en la comisura de sus labios mientras volvía