resto de la noche preguntándose qué tenía de malo.
O podía sentarse durante unos minutos con aquellas personas que no sabían nada de ella.
Nadie le estaba preguntando por su divorcio.
Nadie quería saber si cumplía ciertos requisitos.
Una niña simplemente había visto que estaba triste.
—Está bien —dijo Valeria—. Pero solo un rato.
Sofía sonrió como si hubiera ganado una competencia.
—Yo sabía.
—Soy Daniel Herrera —dijo el hombre, extendiendo la mano.
—Valeria Mendoza.
—Y ella es Sofía, aunque supongo que eso ya quedó bastante claro.
La niña tomó